martes, 14 de diciembre de 2010

Villaflores poblado abandonado (Guadalajara)


Mañana fria de finales de Otoño; una fina capa de nieve helada se rompe a nuestro paso, y allí,  frente a nuestros ojos queda la historia de un olvido, que próspero fue en otras epocas.
Ya desde lejos, la primera construcción que llama la atención en el poblado de Villaflores es su inmenso palomar, situado ligeramente a las afueras del resto de edificaciones, lo que le hace resaltar todavía más.
El poblado de Villaflores se levantó hace más de 120 años por orden de la condesa de la Vega del Pozo, quien contrató al arquitecto Ricardo Velázquez Bosco para que lo diseñase para formar una especie de poblado modélico en el que además de las instalaciones agrícolas precisas para la explotación de la finca, se construirían alojamientos para los colonos y sus familias, y la capilla en la que se atenderían sus necesidades espirituales y se daría instrucción a sus hijos, según el catedrático Miguel Ángel Baldellou, el máximo experto en la obra de Velázquez Bosco.
A lo largo de los años, los terrenos y el poblado han pasado por varios propietarios, y actualmente se reparte entre el Ayuntamiento de Guadalajara (hay que recordar que Villaflores se encuentra ubicado en el término municipal de Iriepal, y este municipio a su vez es pedanía de Guadalajara), que posee diez de los once edificios, y el terrateniente conquense Antonio Prádana, dueño de la finca, cuya extensión supera las 300 hectáreas, y del edificio denominado como la “casa grande”.
En septiembre de 2002, gobernando el popular José María Bris, el Pleno de la Corporación capitalina aprobó el convenio que se firmó después con los promotores de la ciudad del Ave. Según el acuerdo, el Ayuntamiento permite que Reyal construya casi 800 viviendas en el término municipal de Guadalajara, que no estaban previstas en el Plan General de Ordenación Urbana, además de una dotación de suelo industrial y parque temático. Pero a cambio, los promotores de Valdeluz debían incluir en sus planes los terrenos del poblado de Villaflores. A día de hoy, dada la situación económica y la crisis en el sector de la vivienda, el proyecto se encuentra estancado y el palomar, junto con el resto de edificios continúan su degradación y si nadie lo remedia, ya será demasiado tarde para actuar.
El palomar, construido en 1887, es el edificio que hace de Villaflores un lugar singular, y por muchos lugares que podamos visitar, no encontraremos un palomar de estas dimensiones. Hacia el año 1940 vivían en el poblado alrededor de 15 familias y 2 guardas de la finca que vivían en otro poblado (Las Navas), pero que trabajaban a diario en Villaflores. 














 

 

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