miércoles, 19 de enero de 2011

Villaseca - Mocejon (Toledo - España)

Junto a la central termoelectrica de Aceca situada en el termino municipal de Villaseca de la

Realmente es una apeadero/cargadero, enclavado en la linea de Madrid a Ciudad Real; establecida en 1927 por la Compañia de Cementos y Asfaltos Portland Asland, para transportar calizas de sus canteras a la factoría de Villaluenga, cementera que se construyó al pie del cerro donde se extraía el material para producir cemento.
Aunque no hay problema para visitar la mencionada estacion de tren, seguramente recibas la visita del vigilante de seguridad de la Central Termica en el momento que saques tu camara fotografica, ya que esta prohibido realizar fotos de dicha central.
Junto a la estacion encontramos un magnifico puente de hierro con 130 metros de logitud que atraviesa el rio Tajo direccion Algodor, otra curiosa estacion ferroviaria tambien abandonada pero donde los vigilantes de seguridad de Adif no te dejaran entrar, ya que han tomado esta como su cortijo particular.
Tambien en sus inmediaciones queda lo que fue poblado obrero, o mejor dicho sus ruinas a pie de la Central Termoelectrica que comentaremos en nuestro siguiente periplo por estas tierras toledanas.
En la actualidad y segun nos comento el vigilante de seguridad con el que al final terminamos haciendo buenas migas, esta via muerta se utiliza esporadicamente para abastecer de gas natural la central termoelectrica, asi como lugar de aparcamiento de trenes en desuso.
Podemos ver algunos vagones de pasajeros abandonados a la suerte de mis queridos grafiteros, que como de costumbre se dedican a destrozar todo lo que a su paso encuentran y aunque esta estacion es poco conocida y se encuentra apartada de nucleos urbanos, tampoco se ha librado de los niñatos, por mucho vigilante que alli encontremos.
Paseamos por el interior de esos vagones vacios, recreando una vez  mas nuestra imaginacion, buscando el mejor angulo para mostraros la bellleza de la decadencia; esta vez dentro de un vagon de tren.
Las puertas quedaron abiertas, pero ya nunca nadie tomaria ese tren, tampoco sonaria el silbato mientras el baderin rojo señalara al maquinista via libre. Solo el abrasador sol manchego seria el inseparable compañero de aquella estacion.
Nosotros dejamos el lugar, el sonido sordo de la Central y aquellos pensamientos en busca de nuevas rutas abandonadas.













 

2 comentarios:

  1. Buen sitio, compañero. No había oído hablar de este lugar. Quedo a la espera de ese otro reportaje que mencionas sobre el poblado. Saludos

    ResponderEliminar