martes, 22 de febrero de 2011

Explotacion agropecuaria (Consuegra - Toledo)

Nuestro decadente medio de transporte (Golf - S3) y las inclemencias del tiempo tampoco nos invitan a viajar muy lejos de nuestra base en Madrid, por ello durante todo este mes de Febrero y esperando que la climatología mejorase, decidimos explorar a fondo la provincia de Toledo.No es una provincia rica en abandonos, ya sean del tipo que sean. Hemos descubierto algunas estaciónes de ferrocarril abandonadas y bastante interesantes según nuestro punto de vista, también algunas fabricas harineras que enclavaríamos en el sector de fabricas abandonadas; por ultimo observamos ciertas explotaciones agrícolas, que nos llamaron la atención en nuestro deambular por carreteras y caminos secundarios.



Así fue en esta ocasión, circulando por la N-401 en el kilometro 135 de la misma nos llamo la atención una explotación agropecuaria que se dibujaba en el horizonte.
Muy cerca de la estación subelectrica del Emperador y dirección a Fuente del Fresno.
El primer problema fue localizar una pista que nos llevara o al menos nos acercara al lugar en cuestión.






Los caminos de tierra roja tras las lluvias de los últimos días son una verdadera trampa si no circulas con un todo terreno, incluso tendría mis dudas de la capacidad de los mismos en estas condiciones tan adversas.




Al final y como no podía ser de otra manera encontramos un camino con un buen firme, este serpenteaba entre hileras de olivos y guijarros de buen tamaño, terreno ideal para no quedarnos colgados en medio de aquellos yermos campos.




Ante nosotros se encontraba un conjunto de casas construidas en  fábrica de adobe rojizo. Aparcamos y comenzamos la exploración del sitio.





En su mayoría eran edificaciones de dos plantas. Con tejados cubiertos por teja árabe, de esas que harían las delicias de más de un desaprensivo constructor.




Hoy en día y con la crisis, todo vuelve a recobrar su valor y no son pocas las personas que se dedican a desmantelar los pocos elementos constructivos que quedan de estos enclaves rurales. Aquí al menos sus tejas y toda su cerrajería de forja en hierro  estaban intactas.





La mayor parte de las viviendas estaban protegidas por altas tapias, sus grandes portones oxidados guardaban la entrada a las mismas, sin embargo entre sus barrotes el interior invitaba a adentrarnos a conocer que historias nos contarían aquellas paredes desvencijadas de color rojizo.




El interior de las mismas no podía ser más austero; suelos de arena y cemento toscamente bruñidos, se alternaban con alguna que otra zona más noble de baldosa catalana.





En la sala principal unas buenas chimeneas habrían sido las testigos de las conversaciones a la luz de los candiles de petróleo, típicos de la época.





Todavía quedaban algunos utensilios de cocina tirados por los suelos. En una de las habitaciones encontramos aquel colchón de rayas, donde una muñeca dormía bajo la atenta mirada de aquel payaso, su compañero en los días que sirvieron de divertimento para los infantes de la casa.






Aquella mirada con sus ojos de plástico imponía, cualquiera pensaría que ahora eran ellos los guardianes de aquel pasado de labradores, que trabajaron de sol a sol para sacar a sus familias adelante en tiempos de posguerra. 





                               

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