domingo, 16 de diciembre de 2012

El Internado

 
Camino de Portugal en una de nuestras salidas de fin de semana tuvimos la suerte y ocasión de tropezarnos con este singular abandono de dimensiones más que sobresalientes.
Un magnífico edificio construido a primeros del siglo pasado (1920-1930), consta de cuatro alturas, buhardillas y sótano, sobre una base en forma de U de más de 4.000 metros cuadrados de superficie.
Lamentablemente se encuentra en un avanzado estado de vandalizacion, sus paredes garafateadas hasta la extenuación no pueden ocultar su belleza.
Muy poca información hemos recopilado de momento sobre este lugar, que aun estando a la vista de todos no facilitaremos su localización, aunque por desgracia si circula por internet su situación y una historia que ahora os contare.

Una fría tarde otoñal mis padres con lágrimas en los ojos me dejaron besándome las mejillas ante la puerta de aquel monstruoso edificio.
La puerta se abrió chirriando y un cura encorvado vestido de negro  me invito a pasar gentilmente.
Dos grandes galerías se habrían a derecha e izquierda hasta casi donde no llegaba mi mirada, sin abrir la boca me insinuó que le siguiera.

Todas las ventanas daban a un patio interior desde las que se podía ver un magnifico jardín y sus grandes árboles.
Después de subir un sinfín de escaleras el cura me indico la habitación que durante los próximos años seria mi hogar.
Dándome su bendición cerró la puerta tras de sí, dejándome en compañía de mis pensamientos y temores.
Aquella misma noche tuve la ocasión de conocer a mis compañeros de internado; la mayoría por no decir todos, eran niños provincianos de familias acomodadas, que sus padres llevaron allí  para cursar sus estudios.
Los días pasaban con angustiosa monotonía. Gimnasia todas las mañanas en aquel patio rodeado de grandes muros e infinitas ventanas, misa todos los días sentados en los bancos corridos de madera escuchando siempre las mismas canciones que los niños del coro nos ofrecían entre epístolas, evangelios y sermones.Un rato de recreo antes de la hora del estudio antes de la cena, así un día tras otro, con la ilusión de recibir alguna carta de nuestros seres queridos, pero hacía tiempo que mi nombre no sonaba en el comedor.
No paso mucho tiempo en que hiciera un grupo de buenos amigos, la mayoría llevaban uno o dos cursos en aquella Institución y pronto me hicieron participe de sus secretos, sobre todo de uno que marcaria mi vida.
Una noche escuche pasos por los pasillos y me pareció también escuchar unos sollozos, tentado estuve de abrir la puerta y mirar, pero el miedo se apodero de mi. Me dormí pensando quien seria y donde irían.Al día siguiente en la hora del estudio lo comente en voz baja a uno de mis compañeros, este me mando callar enérgicamente, en ese instante no comprendí su actitud pero no pasarían muchos días para saber el porqué.
Siempre me pregunte como serian las dependencias del ala izquierda del edificio, sus puertas siempre permanecían cerradas.Como todos los niños cuando los curas no nos vigilaban jugábamos por aquellos interminables y lúgubres pasillos, esperando una oportunidad para bajar a los sótanos donde se encontraban las cocinas y robar alguna golosina que bien podían ser unas galletas María.
En una de esas ocasiones alguien saco un llave y nos la mostro con mucho misterio, diciendo: Tengo la llave con la que podremos entrar en la zona prohibida del internado.
Todos quedamos callados y con miedo de ser descubiertos; si así fuera el castigo podría llegar incluso a la expulsión del Centro.
Al día siguiente a la hora del recreo nos sentamos alrededor  de la fuente que se encontraba en medio del patio, como solía ser nuestra costumbre.
El tema de la llave presidio la conversación aquella mañana; habíamos planeado entrar después de la oración y del toque para dormir a la zona prohibida del internado.
Aquella misma noche esperamos a que se apagaran las luces y todos estuvieran dormidos; con sigilo y en fila india todos seguíamos a quien había conseguido la llave, solo llevábamos una tosca linterna construida con una pila de petaca y una bombilla dentro de una cajita de cartón.
Nuevamente aquellos pasos por las frías baldosas enceradas y una tenue luz iluminaba cálidamente el tramo de escaleras donde nos encontrábamos, como una exhalación corrimos a escondernos en uno de los baños que se encontraban cerca de la misma.Apiñados junto a la taza del wáter solo se oía el fuerte latir de nuestros corazones, por fin bajo el sonido de un sordo portazo decidimos salir de nuestro escondite.
El cura había desaparecido detrás de aquella puerta, justamente la puerta de la que teníamos la llave.
El saco la llave de su bolsillo y sin preguntar giro la misma hasta que cedió no sin hacer crujir sus viejos engranajes. Habíamos entrado. La total oscuridad dejaba ver una tenue rendija de luz que salía de una de sus habitaciones, con sigilo sepulcral allí nos dirigimos.
Tras la puerta pudimos ver un niño desnudo con los brazos en cruz y un pesado libro en cada una de las palmas de sus manos. Uno de los curas desnudo de medio torso agitaba su mano debajo de la sotana, mientras el otro le golpeaba con su cinturón la espalda, entre susurros y lamentos.
Nunca más volvimos a recorrer aquellos pasillos prohibidos y nunca nadie olvidaría las cosas que pasaban en el Internado.
El edificio fue cerrado definitivamente en los años 70 por problemas económicos hasta nuestros días, pero todavía en las noches claras y frías se escuchan aquellos lamentos.


 


































10 comentarios:

  1. Sobran comentarios, un escalofrío recorre mi espalda viendo las fotografías y escuchando la historia.

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  2. Para ser sincero y viendo que el artículo está produciendo malas interpretaciones diré que es una recreación literária imaginária que sirve de guia a las fotógrafias que muestro.
    Es decir, solo fue producto de mi imaginacion el relato y pido disculpas a quienes lo hallan entendido como real.
    Gracias a todos por seguir mi blog.
    Jabier Suarez

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  3. Sea cierto o real, es un relato sobrecogedor...se me acaba de anudar una cuerda del estómago a la cabeza -es que nudo en la garganta se queda en nada para esa última sensación...-
    (en cualquier caso, me alegro de que nos cuentes historias de los lugares -a mí personalmente no me importa que sean 'mentira' ;))

    Eso sí, he de decir que ésta me ha dejado un mal cuerpo que para qué....así que es porque lo has hecho bien!

    El lugar impresionante, además...

    Un saludo y feliz puente si andas por ahí buscando algún que otro lugar (o buscándote él a ti, que quién sabe quién encuentra a quién...)

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  4. Jabier ¿cual es tu correo? Quiero comentarte unas cosas sobre el seminario y es que no quiero dar las localizaciones.
    Saludos

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  5. Un saludo David , aqui tienes mi correo para cualquier duda, comentario y/o aclaración.
    jabiersuarez@hotmail.es
    Desde Madrid Jabier Suárez.

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  6. Muy buenas fotos tienes... has recopilado sitios estupendos. Lastima de los grafitis que ensucian la esencia de estos sitios. A partir de hoy pongo tu blog entre mis favoritos, te invito que pases por el mío, saludos desde Barcelona.

    www.urbaneyebcn.blogspot.com

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  7. Jabier,
    Al lado de este internado hay una piscina abandonada y, enfrente, una clínica abandonada (esta última en perfecto estado y creo que vigilada)

    Otra vez, enhorabuena por la página.

    Un saludo

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    1. Gracias por facilitarnos estas nuevas localizaciones que ya hemos añadido al blog de notas, aunque la clínica habrá que tomarlo con más calma y cautela.
      Te dejo mi correo por si quieres compartir alguna nueva localización de una forma anónima ya que intentamos salvaguardar los sitios que visitamos de chatarreros, grafiteros y demás fauna que lo único que hacen es ayudar a su destrucción completa.


      MAIL: garajakania@hotmail.com

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  8. Veo un niño bañandose en la bañera del cuarto de baños. Niños corriendo por el pasillo cuando los curas no les ven. chirriar de suelos de madera al entrar en la clase de matematicas. Flipo.

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