miércoles, 23 de febrero de 2011

Finca Pinedo (Toledo - España)

Regresábamos a Madrid al atardecer, como otros fines de semana; la silueta de Toledo y su Alcázar de desvanecían según nos alejábamos.


En varias ocasiones nos había llamado la atención una gran casona junto a la autovía, colindante con el Parque Forestal de los Gavilanes, situado a las afueras de Toledo.
En el Toledo republicano, las vacaciones escolares de 1936 duraron más de lo habitual siendo normal ver a los niños en la finca Pinedo, donde estaba emplazada una bateria que los artilleros dejaban ver y curiosear y aventurarse sobre el resultado del siguiente disparo.
 

 




Es poca y confusa la información que hemos podido recoger sobre el citado lugar, estos son algunos de los datos que nos han parecido interesantes y  reflejamos  en este artículo.
Los restos arqueológicos correspondientes a la prehistoria de la ciudad de Toledo se localizan en la finca de Pinedo, en una zona próxima al polígono industrial y en el cerro del Bu.
En la conocida finca de Pinedo y en una zona próxima al polígono industrial de Toledo, se encuentran sendos yacimientos correspondientes al Paleolítico Inferior.
Los restos aparecidos en ellos son cantos toscamente trabajados, junto a vestigios pertenecientes a fauna de la época:
En el yacimiento del polígono industrial, un craneo de elefante, próximo a los Mammthus armeniacus.
En el yacimiento de Pinedo: restos de aves, Lepus europeaus, Orictolagus caniculus, Equus caballus, Hippopotamus amphibius, Cervus, y restos de un gran bóvido indeterminado.
El cerro del Bu se encuentra situado junto al río Tajo, entre la ermita de la Virgen del Valle y el arroyo de la Degollada.
Las excavaciones llevadas a cabo en el mismo, han puesto al descubierto gran cantidad de restos de tallas de silex y restos de piezas de cerámica, algunas de ellas decoradas.
Este yacimiento corresponde a la Edad del Bronce.
Los materiales hallados en todos estos lugares se encuentran depositados en el Museo de Santa Cruz, sede del Museo Arqueológico Provincial.






En julio de 1987, una resolución de la Consejería de Política Territorial declaró el sector 4 del plan, la zona de Pinedo -una zona de 100 hectáreas situada a la entrada de la ciudad, entre la margen derecha de la carretera de Madrid y Mocejón- como suelo rústico.
 



El consejero, Gregoño Sánchez Aguado, fundamentó su decisión principalmente en que la urbanización de Pinedo, donde estaba prevista la construcción de 2.000 viviendas unifamiliares, destruiría el paisaje y el entorno de la ciudad, al hallarse en una zona de
protección del casco histórico.
 





En un informe solicitado por la Consejería de Cultura de Castilla-La Mancha al comité español del Consejo Internacional para la Defensa de los Monumentos y de los Sitios Histórico-Artísticos (ICOMOS, en sus siglas inglesas) se recomienda la calificación de toda la zona como suelo no urbanizable protegido, ya que, entre otras razones, existen en ella importantes yacimientos arqueológicos.
 




Durante el período de información pública al que estuvo sometido el sector 4 del plan se presentó un total de 11 alegaciones, siete en contra y cuatro a favor.
 






Bien una vez situado el lugar a visitar, pasaremos a relatar nuestras impresiones  del lugar.

 





Lo primero que llama la atención es el gran tamaño de su fachada principal, en ella podemos ver el blasón  de quienes fueron dueños de esta explotación agropecuaria.

 





Todo el edificio se encuentra alrededor de un patio central de forma cuadrada, en el encontramos además de las viviendas de planta baja, grandes soportales donde todavía quedan aperos y maquinaria para labores; también unas grandes naves con unos techos de altura considerable, imaginamos destinados a guardar grano y ganado.
 






En la planta superior las habitaciones presentan un buen aspecto constructivo a pesar del paso de los años. Suelos da barro cocido y paredes encaladas son toda la decoración que muestra su interior.
 






Por algunos de los utensilios domésticos que encontramos, imaginamos que esta debió ser habitada al menos hasta los años 60 del pasado siglo.
 






También nos llamo la atención un gran número de cartuchos apilados en el suelo, imaginamos que este debe ser un lugar de reunión de cazadores, lo que nos llevo a la duda de que si este lugar está realmente abandonado o es visitado casualmente por sus propietarios o personas que lo utilizan como punto de encuentro.

 





Las ultimas luces del día invitaban a recoge nuestro equipo fotográfico y poner fin a la visita. Una vez más con la satisfacción de un trabajo bien hecho regresamos a nuestros hogares.

 






martes, 22 de febrero de 2011

Explotacion agropecuaria (Consuegra - Toledo)

Nuestro decadente medio de transporte (Golf - S3) y las inclemencias del tiempo tampoco nos invitan a viajar muy lejos de nuestra base en Madrid, por ello durante todo este mes de Febrero y esperando que la climatología mejorase, decidimos explorar a fondo la provincia de Toledo.No es una provincia rica en abandonos, ya sean del tipo que sean. Hemos descubierto algunas estaciónes de ferrocarril abandonadas y bastante interesantes según nuestro punto de vista, también algunas fabricas harineras que enclavaríamos en el sector de fabricas abandonadas; por ultimo observamos ciertas explotaciones agrícolas, que nos llamaron la atención en nuestro deambular por carreteras y caminos secundarios.



Así fue en esta ocasión, circulando por la N-401 en el kilometro 135 de la misma nos llamo la atención una explotación agropecuaria que se dibujaba en el horizonte.
Muy cerca de la estación subelectrica del Emperador y dirección a Fuente del Fresno.
El primer problema fue localizar una pista que nos llevara o al menos nos acercara al lugar en cuestión.






Los caminos de tierra roja tras las lluvias de los últimos días son una verdadera trampa si no circulas con un todo terreno, incluso tendría mis dudas de la capacidad de los mismos en estas condiciones tan adversas.




Al final y como no podía ser de otra manera encontramos un camino con un buen firme, este serpenteaba entre hileras de olivos y guijarros de buen tamaño, terreno ideal para no quedarnos colgados en medio de aquellos yermos campos.




Ante nosotros se encontraba un conjunto de casas construidas en  fábrica de adobe rojizo. Aparcamos y comenzamos la exploración del sitio.





En su mayoría eran edificaciones de dos plantas. Con tejados cubiertos por teja árabe, de esas que harían las delicias de más de un desaprensivo constructor.




Hoy en día y con la crisis, todo vuelve a recobrar su valor y no son pocas las personas que se dedican a desmantelar los pocos elementos constructivos que quedan de estos enclaves rurales. Aquí al menos sus tejas y toda su cerrajería de forja en hierro  estaban intactas.





La mayor parte de las viviendas estaban protegidas por altas tapias, sus grandes portones oxidados guardaban la entrada a las mismas, sin embargo entre sus barrotes el interior invitaba a adentrarnos a conocer que historias nos contarían aquellas paredes desvencijadas de color rojizo.




El interior de las mismas no podía ser más austero; suelos de arena y cemento toscamente bruñidos, se alternaban con alguna que otra zona más noble de baldosa catalana.





En la sala principal unas buenas chimeneas habrían sido las testigos de las conversaciones a la luz de los candiles de petróleo, típicos de la época.





Todavía quedaban algunos utensilios de cocina tirados por los suelos. En una de las habitaciones encontramos aquel colchón de rayas, donde una muñeca dormía bajo la atenta mirada de aquel payaso, su compañero en los días que sirvieron de divertimento para los infantes de la casa.






Aquella mirada con sus ojos de plástico imponía, cualquiera pensaría que ahora eran ellos los guardianes de aquel pasado de labradores, que trabajaron de sol a sol para sacar a sus familias adelante en tiempos de posguerra.