jueves, 2 de junio de 2011

Central Electrica de Azumel (Toledo - España)

Toledo fue capital del Reino Visigodo, en cuyos fueros se constatan algunas alusiones a la normativa de los molinos de agua. Es lógico pensar que en la capital, y más teniendo en cuenta las buenas condiciones del cauce del Tajo, ya existiera algún molino corriente durante esa época.
El encajonamiento del río, con su fondo y orillas berroqueños facilitaba la construcción de azudes, para cuyo levantamiento bastaba con dejar caer los bloques graníticos desde las escarpadas riberas de esta ciudad.
Los datos (a los que hace referencia Miguel Méndez–Cabeza Fuentes en su edición), del numero de molinos de distintas épocas parece que dejan claro que fueron los situados en el bucle del río Tajo a su paso por Toledo. En concreto se contaron hasta diez, que curiosamente debieron ser los que mas actividad mantuvieron: Safont, Río Llano, Artificio, San Ildefonso, Hierro, San Sebastián, La Vieja, Daicán, La Cruz y Azumel.
Hoy hablaremos de este ultimo, el molino de Azumel, el cual (según D. Julio Porres en su obra “I Historia de las calles de Toledo”) se menciona ya en 1199 como “Molinos de Assomail”, vocablo que parece recordar el nombre de su constructor o del mas famoso de sus propietarios. Un quinto del azud existente en esta presa era, desde poco antes de la fecha, propiedad de convento de San Clemente.
En las proximidades del 1273 ya se le conoce como molino de Azumel, al que se consideró en el año 1841 como uno de los Bienes Nacionales desamortizados a la iglesia, pasando posteriormente a subastarse. En 1844 y debido a su proximidad, los molinos fueron cedidos a la Fábrica de Armas (fundada por el Rey Carlos III en 1775), en cuyo poder continúan.Durante la pasada década, a principios de los noventa y aprovechando los mismos enclaves, se van sustituyendo los viejos molinos hidráulicos por centrales eléctricas, acabando estas con los que formaron parte valiosa del patrimonio, del paisaje y de la vida del pueblo.



 




















lunes, 30 de mayo de 2011

Mansion de los Jimeno (Cuenca - España)

Fotografiar el silencio no es fácil, no siempre se deja ver. Pero observo con detenimiento estas copias, y puedo oír e incluso ver de manera difusa lo que allí transcurría.
Cuando las personas abandonan, huyen o mueren dejan tras de sí auténticos tesoros donde el tiempo, en su perseverante caminar, va desdibujando lo hecho y dibujando lo deshecho.
Y he ahí la solemne belleza de la decrepitud, el evocador susurro de la historia silenciosa que desprenden sus paredes y la contemplación eterna de algo que quizá ya no exista…