viernes, 10 de junio de 2011

La Casa de las Camas

Explorar esos sitios constituye una experiencia única, intransferible y aleccionadora.
La adrenalina se dispara hasta cotas inimaginables al advertir cómo los elementos reclaman, siempre exitosamente, aquellos espacios colonizados por el hombre y sus construcciones.
Símbolos de la inútil arrogancia humana, las ruinas urbanas develan lo inconstante que son las obras del hombre frente al poder imparable de la simple humedad.
El romántico significado de las enredaderas partiendo los muros de un edificio o la descontrolada fuerza de las raíces destruyendo el pavimento, cobran nuevo sentido ante nuestra atónita mirada, enseñándonos cuán delgada es la seguridad ante el solo paso del tiempo.
Sitios de implícitos contrastes, los lugares abandonados apenas revelan su antigua y perdida hegemonía, sólo visible a través de los ojos exigidos de la imaginación.
¿Quién puede permanecer impasible ante una ruina? ¿Quién no ve en ellas su propio e ineludible porvenir? ¿Acaso no será ése el motivo por el cual tantos rehúyen de ellas, ignorándolas y quitándoselas de la mente? 
Como si fueran los fotogramas de una película antigua que no terminó de proyectarse, o tal vez las últimas escenas de un optimismo irreal e ingenuo, el devenir de los sitios abandonados nos enseña que todos estamos condenados a ser recuerdo y después olvido.























 

lunes, 6 de junio de 2011

Estacion abandonada de ffcc de Aranjuez(Madrid - España)

En la famosa estación de ferrocarril de Aranjuez, podemos todavía observar la decadencia de la misma y lo que fue.
Aquella tarde, lejos de los turistas y anónimas personas, con la vista perdida en los andenes; paseábamos entre los viejos vagones de mercancías.
Buscábamos esa otra estampa en la vieja estación.
En el interior de los muelles de carga solo quedaban los rótulos de los destinos de la mercancía pintados en la pared. Ventanas tapiadas, para proteger su decadencia de ojos extraños.
En la aislada caseta del guarda de agujas, solo sus vencidas ventanas mordían el viento al paso entre sus cristales.
Su oxidada maquinaria no sabía muy bien cuál sería su definitivo destino.
Frio, lúgubre, atravesado por algún halo de luz, la alfombra de papel invitaba a no hacer ruido en la sala de espera.
Fuera toneladas de hierro inmóvil, recuerdo de quien llevo la prosperidad a otras tierras, ahora lienzo para la vergüenza de quien escribe en sus cuerpos agonizantes.
Y allí quedaron despidiendo al horizonte los que todavía moraban cuidando el olvido de aquella bonita Estación.