miércoles, 24 de agosto de 2011

Juegos de Guerra


Desde la carretera llamaba la atención aquellas construcciones por su tamaño y singularidad arquitectónica; todo indicaba que era una explotación agropecuaria y decidimos acercarnos, no sin problemas para dar con el camino, ya que circulábamos en dirección contraria a la misma y por autovía.
Después de unos kilómetros y muchos baches allí nos encontrábamos y con una gran sorpresa al ver aquel cartel informativo. Quien iba a imaginar que aquellas instalaciones abandonadas, resultaron ser una zona de entrenamiento militar y policial.
Cámaras no se veían, perros sueltos tampoco y el acceso fácil, pronto deambulamos con cuidado y cierto temor por aquel lugar.
Todo estaba revuelto, algunos casquillos de fogueo encontramos dispersos por los suelos. En las zonas superiores correspondientes a las naves existían unos parapetos a modo de lugares para ocultarse.
En las zonas dedicadas a viviendas encontramos ropa de caballero en muy buenas condiciones (camisas, pantalones, incluso un pijama cuidadosamente colgado en su percha).
Pensamos que no hace mucho tiempo que este lugar se ha dedicado a su finalidad actual, según un calendario colgado en la pared. Este era de 1998.
Una de las primeras ideas que pasó por mi cabeza fue que este lugar haría las delicias de mas de un aficionado al airsoft, eso por no pensar en los odiosos grafiteros; metros y metros de pared para dejar unas firmas de dudosa calidad estética y con suerte sin faltas de ortografía.
Disfrutamos durante gran parte de la mañana en aquel lugar, después decidimos seguir por alguno de los caminos que rodeaban la finca y a pocos metros de allí un descubrimiento muy extraño.
Desde luego que mis conocimientos de botánica son extremadamente limitados, pero aquel campo de amapolas llamó poderosamente mi atención, fijaros en la última foto de este reportaje y decirme:
¿Adormidera o simples amapolas secas?






























 

lunes, 22 de agosto de 2011

Minas de Hellín / Casas Trogloditas (Albacete - España)

El poblado de Las Minas se encuentra situado en la margen izquierda del río Segura, próximo a su confluencia con el río Mundo. Recibe este nombre a causa del alumbramiento de azufre que existe en la zona, y que al parecer se explotaba ya en época romana. La primera constancia documental de estas minas es de 1569, pero es a partir del siglo XVIII cuando están en plena producción. A mediados del siglo XIX  casi la totalidad del azufre español, imprescindible para la fabricación de la pólvora, proviene de las minas de Hellín.
 Esto originó que el pueblo creciera notablemente. De este desarrollo se conservan vestigios abundantes en la parte alta.
 El  contexto favorable de las guerras Primera Mundial y Civil Española, contribuyó al aumento de la producción. Pero el agotamiento de los filones más ricos y más tarde la competencia con el azufre francés y americano provocaron su cierre en 1960. En 1980 toda la pedanía de Las Minas, que era -y aún hoy lo es- coto privado, se vendió por un precio de siete millones y medio de pesetas.
 La visita es muy interesante y merece la pena pasear por las inmediaciones descubriendo los vestigios del pasado. La configuración actual presenta un paisaje caracterizado por enormes depósitos de escoria (material de desecho de los hornos) que llegan a constituir auténticos montes en los que solo crecen ocasionalmente plantas de matorral. Sobre ellos quedan restos de varios conjuntos de hornos cilíndricos, minas en desuso, antiguos transformadores que proporcionaban la energía para propulsar los "malacates" con los que subían y bajaban a los obreros a las minas, restos de la línea de ferrocarril, etc. En la parte alta nos encontramos restos de los edificios que daban servicio a la población; desde la ermita hasta la cárcel, pasando por un cine o un almacén de provisiones.
 Pasadas las casas de la pedanía, existe una zona de casas semirupestres o casas cueva donde vivían la mayor parte de los obreros. La mayoría de ellas están pintadas con azulete que es un desinfectante natural.
Nos encontramos rodeados de un bonito paisaje, de arrozales y toda la floreciente huerta, entre los ríos Mundo y Segura, con sus limpias aguas y sus posibilidades para la pesca.
En estas casas troglodíticas habitaban antaño los mineros que trabajaban en estas minas.
Su construccion se realizaba sobre el blando terreno de yeso, material que por sus características no presentaba grande problemas.
Todas ellas muy similares en su distribución, normalmente constaban de una sala principal con chimenea a su entrada y dos o tres habitaciones posteriores.
Las cuevas visitadas están en la falda de la montaña con unas impresionantes vistas y muy cercanas al río que atraviesa estos parajes.
Digno es de mencionar la diferencia de temperatura en su interior mas aun en agosto, momento de nuestra visita.
Y allí las dejamos solas para que la naturaleza las convirtiera en lo que siempre fueron.