Ya desde lejos llamaba la atención por su tamaño en comparación con las casas que la rodeaban, no fue difícil dar con su localización exacta y decidimos acercarnos por curiosidad.
Tenía toda la pinta de ser una fabrica o similar, desde la calle no había carteles, ni rótulos que dieran una mayor información y su puerta principal colindaba con un comercio de reciente construcción.
Como era la hora de la siesta, aun mas en un pueblo típicamente castellano, sus calles estaban vacías, algún que otro coche atravesaba la calle despacio y nosotros merodeábamos con hienas todo el perímetro de la fábrica en busca como siempre del más mínimo resquicio para infiltrarnos.
La tapia en una de sus zonas más escondidas a miradas extrañas no superaba el metro sesenta, un ágil y rápido salto bastó para acceder al interior de las instalaciones, pero a primera vista todo parecía cerrado a cal y canto.
El exterior presentaba un buen aspecto. La maleza todavía no se había adueñado de sus enfoscados muros; pero con las primeras lluvias, la contienda volvería a tomar sus fueros de conquista.
En la primera planta había numerosas ventanas abiertas que permitían un fácil acceso al interior de la fábrica de harinas. Un letrero en azulejo típico y debajo en el mismo material la imagen de la virgen que daba nombre a la citada fabrica.
La altura disuadía del mínimo intento de trepar hacia esas ventanas, una buena escalera hubiera servido pero no encontramos ninguna y tampoco es normal que lleváramos una en el coche para semejantes situaciones. Total quedaba descartado esa opción.
Por fin se hizo la luz, como siempre la solución se encontraba detrás de la mata. Una chumbera retorcida escondía entre sus ramas una ventana con algunos de sus cristales rotos.
Tímidamente empujamos sus contraventanas que cedieron sin problemas y como tenemos unos cuerpos atléticos, bastó con algunas contorsiones para entrar limpiamente y sin cortarnos dentro del recinto.
Las palomas comenzaron su frenético alboroto, volando en todas direcciones para escapar de nuestra presencia; sus excrementos alfombraban toda la estancia, así amortiguaban cualquier ruido producido por nuestras pisadas. Allí había un dineral en abono para plantas.Solo quedaban los elementos de madera (tolvas, conductos, cajones) la maquinaria brillaba por su ausencia y no creemos que fuera expoliada, seguramente sus propietarios de la darían un lucrativo fin.
Tres plantas incluida la zona abuhardillada componían la estructura del viejo edifico, sustentado sobre vigas de hierro.
Una elegante escalera de madera daba acceso a los pisos superiores y una cosa llamaba poderosamente la atención, esta era el tamaño de sus puertas.
Todas y cada una de ellas con una considerable altura en comparación con su estrechez, no más de 70 cms.
Después de permanecer largo tiempo buscando esos ángulos inéditos para nuestras cámaras salimos con el mismo cuidado con el que habíamos entrado, cerrando nuevamente una página de nuestro pasado.
Tenía toda la pinta de ser una fabrica o similar, desde la calle no había carteles, ni rótulos que dieran una mayor información y su puerta principal colindaba con un comercio de reciente construcción.
Como era la hora de la siesta, aun mas en un pueblo típicamente castellano, sus calles estaban vacías, algún que otro coche atravesaba la calle despacio y nosotros merodeábamos con hienas todo el perímetro de la fábrica en busca como siempre del más mínimo resquicio para infiltrarnos.
La tapia en una de sus zonas más escondidas a miradas extrañas no superaba el metro sesenta, un ágil y rápido salto bastó para acceder al interior de las instalaciones, pero a primera vista todo parecía cerrado a cal y canto.
El exterior presentaba un buen aspecto. La maleza todavía no se había adueñado de sus enfoscados muros; pero con las primeras lluvias, la contienda volvería a tomar sus fueros de conquista.
En la primera planta había numerosas ventanas abiertas que permitían un fácil acceso al interior de la fábrica de harinas. Un letrero en azulejo típico y debajo en el mismo material la imagen de la virgen que daba nombre a la citada fabrica.
La altura disuadía del mínimo intento de trepar hacia esas ventanas, una buena escalera hubiera servido pero no encontramos ninguna y tampoco es normal que lleváramos una en el coche para semejantes situaciones. Total quedaba descartado esa opción.
Por fin se hizo la luz, como siempre la solución se encontraba detrás de la mata. Una chumbera retorcida escondía entre sus ramas una ventana con algunos de sus cristales rotos.
Tímidamente empujamos sus contraventanas que cedieron sin problemas y como tenemos unos cuerpos atléticos, bastó con algunas contorsiones para entrar limpiamente y sin cortarnos dentro del recinto.
Las palomas comenzaron su frenético alboroto, volando en todas direcciones para escapar de nuestra presencia; sus excrementos alfombraban toda la estancia, así amortiguaban cualquier ruido producido por nuestras pisadas. Allí había un dineral en abono para plantas.Solo quedaban los elementos de madera (tolvas, conductos, cajones) la maquinaria brillaba por su ausencia y no creemos que fuera expoliada, seguramente sus propietarios de la darían un lucrativo fin.
Tres plantas incluida la zona abuhardillada componían la estructura del viejo edifico, sustentado sobre vigas de hierro.
Una elegante escalera de madera daba acceso a los pisos superiores y una cosa llamaba poderosamente la atención, esta era el tamaño de sus puertas.
Todas y cada una de ellas con una considerable altura en comparación con su estrechez, no más de 70 cms.
Después de permanecer largo tiempo buscando esos ángulos inéditos para nuestras cámaras salimos con el mismo cuidado con el que habíamos entrado, cerrando nuevamente una página de nuestro pasado.










