lunes, 28 de noviembre de 2011

Picazo el pueblo de las Animas (Guadalajara)

Os voy a contar una historia que no creeréis, incluso yo sigo dudando de lo que vi.
Un sol frio azotaba las piedras que todavía quedaban en pie. La mala hierba marchita lo cubría todo, estrangulando los espinos que arañaban las hendiduras de las viejas piedras.
Aquella aldea no constaba de más de seis casas y en lo alto de la loma todavía la espadaña de la iglesia yacía inerte al paso de las estaciones. Hacia ella dirigimos nuestras miradas.
Quizás nos pareció ver una mujer vestida de negro; quien sabe si solo fue el  juego de luces y colores ahogados por su llanto.
Allí junto a las escaleras de lo que un día fue el coro de la iglesia la encontramos sollozando.
Contando la historia de un pueblo que nunca llego a ser prospero,  porque la peste negra arranco a los hijos que allí nacieron.
Pero ella después de tantos años aun vagaba de puerta en puerta, caminando junto a las desvencijadas paredes que todavía quedaban en pie,  buscando las ánimas de sus seres queridos.
Y allí la dejamos junto al viejo olmo, estéril y quebradizo.