viernes, 16 de diciembre de 2011

Castillo de Guadalerzas

Estaba anocheciendo. Ishar estaba observando el declinar del sol en la lejanía de la línea marcada por el horizonte apostado de pie al lado del hueco de la ventana de la torre del castillo de la familia Suleiman Elbeida. 
Le quedaba una única solución. La de arrojarse al vacío. La puerta de la habitación estaba cerrada bajo llave y muy pronto iban a acudir en su búsqueda los integrantes del clan familiar. Estaban dispuestos a clavarle una estaca en el corazón, a meterle dientes de ajos en la boca y a cortarle la cabeza con una hoz. Ishar se alejó de la ventana. Tenía los brazos inmovilizados a la espalda por unos grilletes. Estaba desesperado. Se les había metido en la cabeza que él era el vampiro de la región de La Sagra, una bestia infame que había asesinado ya a más de siete lugareños en las últimas tres semanas.
Todo coincidía en el tiempo de su llegada a la zona. Luego estaban los colmillos que le asomaban en el maxilar superior de la dentadura. Ligeramente afilados por una ocurrencia de juventud cuando se quiso hacer de notar en la universidad de Aman.
Algo que ahora mismo lamentaba haber hecho. Estaba estigmatizado como el vampiro, y no había forma de convencerles de lo contrario. Estaba indignado con la situación creada.
El asesino, que no vampiro, estaría en ese mismo instante vagando libre por la región, siguiendo a su próxima víctima, y él, un simple tratante de ganado estaba condenado a ser eliminado de una forma tan cruel y sin sentido.
De nuevo atisbó a través de la ventana. La altura era de más de veinte metros. No había nada que pudiera amortiguar su caída brutal.
Estaba espantado. Escuchó voces acercándose a la puerta. Eran varios. Los miembros varones de la familia con algunos de sus lacayos.
Estaban sumamente exaltados. Le estaban vilipendiando con sus insultos antes de irrumpir en la estancia. Una llave giró en la cerradura.
La puerta inició su apertura. Ishar miró hacia la entrada.
Vio una hoz. Vio la ristra de ajos. Vio la estaca. Su cuerpo cayó defenestrado desde lo alto de la torre, impactando contra el suelo y perdiendo todo contacto con la vida.
Desde los ventanales de la torre de piedra fueron asomando rostros en pleno alborozo. Aunque no habían sido ellos quienes habían acabado con el sanguinario vampiro, estaban felices.
Ya solo quedaba bajar a por el cadáver, arrancarle la cabeza y quemar el resto de su cuerpo hasta reducirlo a cenizas.
La amenaza del vampiro había concluido.
Mientras, a varios kilómetros de distancia, en una gruta oscura y siniestra una bestia sanguinaria extraía las entrañas de su más reciente víctima.
Su locura no tenía límites. Él sí que era el auténtico vampiro de La Sagra.
Hundió el rostro en la carne humana, deleitándose con el sabor de la sangre.


El castillo cristiano de Guadalerzas se encuentra en el valle de Guadalerzas, a 18 kilómetros de la población de Los Yébenes, al este de la provincia de Toledo.
El castillo se encuentran junto a la carretera N-401, entre las localidades de Los Yébenes y Fuente del Fresno, a unos 18 kilómetros de la primera. Frente a una antigua posada que hay pasada la vía férrea en dirección a la localidad de Fuente el Fresno (provincia de Ciudad Real), surge a la izquierda un camino que va a dar a un cancela, a pocos metros se encuentra la antigua fortaleza, y para poder acercarse hay que cruzar el río Bracea por un puente y seguir el camino empedrado que conduce hasta el castillo-hospital.
Dos castillos, uno árabe y otro cristiano, se sucedieron en el paso o Congosto de Guadalerzas, clave en el camino a la Córdoba musulmana, y tuvieron la misma misión aunque su objetivo fuera de signo contrario.
En el siglo XII, y una vez conquistado el paso y sus defensas por Alfonso VI, la Orden de Calatrava levantó el nuevo castillo con la finalidad de ser usado como hospital. Debió estimarse insegura la vieja fortaleza árabe, por lo que se levantó el castillo actual. En 1178 el castillo ya estaba construido, por lo que se abandonó completamente el castillo musulmán. Cuando la frontera se estableció en Sierra Morena, el castillo comenzó a ser explotado económicamente por la orden. Fue utilizado por las tres órdenes existentes en la zona, la de Calatrava, la del Temple y la de San Juan. Posiblemente se eligió este emplazamiento por localizarse cerca de la zona de combate pero al mismo tiempo protegida de ataques enemigos.
En 1572 Felipe II vendió el castillo al Cardenal Silíceo, que lo convirtió en colegio de doncellas nobles, modificando la estructura en algunos de sus puntos.
Con la desamortización del siglo XIX fue vendido a un particular, que lo acondicionó como vivienda y casa labor.
De los dos castillos, el cristiano es el más moderno, y se encuentra casi completo en su exterior. Está bien conservado, pudiéndose observar numerosos detalles. Posee una gran torre del homenaje rectangular rodeada por murallas con torres cilíndricas en sus ángulos. En la entrada se encuentra la iglesia barroca. Posee numerosas habitaciones, algunas con chimeneas y en el patio existen algunas viviendas.
Este interesante castillo se conservó en buen estado hasta la guerra civil, estando ahora totalmente abandonado, y de seguir así, dentro de algunos años tan solo podremos hablar de restos, como sucede con tantas estructuras del patrimonio histórico nacional.


















 


 

lunes, 12 de diciembre de 2011

Finca El Rincón

Aquí os mostramos algunas instantáneas de la famosa Finca el Rincón propiedad del Marqués de Griñon, lugar conocido por la celebración de eventos (Bodas, comuniones y bautizos); pero claro, esta zona que descubrimos por casualidad sin saber de qué finca se trataba, está escondida a las miradas de los comensales.
La visita fue rápida y fugaz,  por miedo a ser descubiertos en una propiedad privada, toda una pena como se encuentra esta zona de la finca en comparación con el magnífico castillo donde se celebran los citados eventos.