lunes, 10 de diciembre de 2012

La bodega abandonada de Oliver




Podría terminar ocurriendo, igual que  amanece una soleada mañana de invierno, aquella misma mañana en la que Oliver cargo su equipo fotográfico y decidió poner kilómetros por medio en busca de ninguna parte.
Km 107 de una autovía, en una tierra azotada por una climatología esteparia, justo en el cruce a unos cientos de metros permanecía inmóvil y desafiante aquella vieja bodega.












La explotación contaba con edificios a ambos lados de la amplia avenida, uno de ellos mucho más representativo y el otro seguramente dedicado a otras labores menos nobles. Una gran puerta de considerables proporciones daban la bienvenida a Oliver, abiertas de par en par, invitándole a profanar todos y cada uno de sus rincones, lejos de miradas ajenas. Y cámara en mano atravesó con paso firme, aquel mismo paso que más tarde le fallaría. Un gran zaguán permitía ver el patio entorno al que se agrupaban las diversas dependencias que constituían el edifico central de la explotación vinícola. En su piso superior se encontraban las dependencias nobles de la casa. Amplias estancias y un buen equipamiento para la época pensó. Era curioso que no hubiera ni siquiera palomas a aquella hora del día; en uno de sus muros más altos su pared derruida se  dejaba ver un inmenso palomar, con cientos de nichos alineados militarmente.
























 
 
Las horas  pasaban con la velocidad del viento, los reflejos del sol mostraban ángulos ocultos hasta el momento y en un recodo allí estaba ella, inmóvil nuevamente con su vestido roído y aquella cálida luz invernal. Oliver miro a su alrededor sin saber por dónde comenzar, aquellos largos pasillos de tinajas agrupadas como colosos a ambos lados, dejaron volar su imaginación un vez más. Busco y siguió buscando aquello que su mirada no había visto, clavo con firmeza en trípode en el suelo, ajustó aquel equipo envidiable y flexionó su espalda para encaminar su mirada al objetivo, un pequeño paso atrás para ajustar definitivamente lo que sería la última foto de su vida.
 
 


 
 
El tacón de su bota tropezó con el borde alisado de la tinaja pero antes de que sus manos buscaran un sitio donde agarrarse, su nuca había golpeado secamente en aquel mismo borde. Su cuerpo como un muñeco de trapo calló hasta el fondo para con su sangre dar el último toque a los posos de aquel vino. Todo ello se supo cuando otros incautos viajeros  descubrieron aquel sitio y la polvorienta cámara de Oliver
 
 
 
THE END



 
 

 
 

 
 

1 comentario:

  1. Espero que recuperes el blog, esto es algo que puede pasarnos a cualquiera, tendremos que ir pensando o en migrar o pagar, siento lo que te ha pasado.
    Un saludo Kapelo

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