jueves, 9 de febrero de 2012

Convento de Clausura Abandonado

En un lugar apartado ellas eligieron dedicar sus vidas a la oración.
Camas con somieres no vencidos y suelos escondidos por el polvo, nunca dejaron restos de cilicios.
Tras las celosías, imaginaron hombres a los que nunca abrazaron.
Contrafuertes de apilada piedra daban cobijo y protegían la Fe de aquellas que marchitaban con el paso de los días.
Largos pasillos y cruzadas miradas en silencio servían de entretenimiento las tardes otoñales; mientras, sus ojos clavados en la palabra de Dios.
Cuantos sueños claustrofóbicos encerrarían aquellas angostas celdas de meditación y castigo.
Los vientos abrieron nuevamente las puertas hacia un futuro incierto y nuestras pisadas habían pagado su diezmo, nadie quedo para escuchar los canticos aquellas noches de maitines.