domingo, 26 de agosto de 2012

Azucarera de Aranjuez (Interiores)


Una vez superadas las zarzas, los pichos y alguna que otra traba mas, conseguimos adentrarnos en aquel oasis industrial.
Los ojos como platos al contemplar el tamaño del lugar e inmediatamente un pensamiento infantil, descabellado e impropio de la madurez inundaron mis pensamientos, dejando volar por enésima vez mi imaginación.
Como seria aquel lugar si fuera barrido a conciencia, retirados los escombros de sus suelos y dejando el resto como lo veían mis perplejos ojos. La vegetación campaba a sus anchas enredándose entre los óxidos de sus vigas, alguna ramas trepaban entre las grietas de sus paredes buscando la luz a gran altura. Cientos de metros cuadrados de grafitis decoraban sus paredes y hasta el más mínimo resquicio de la fábrica, donde los artistas habían llegado.
No haría falta le eléctrica, porque sus vencidos tejados dejaban pasar la necesaria, no sería necesario una costosa decoración, ni sistemas de riego inteligentes porque la naturaleza ya se había encargado de ello… y seguí pensando.
Encontraba una curiosa similitud con la estación de tren de Atocha, en lo referido al magnífico invernadero en que se convirtió hace algunos años, lo que antaño fueron sus andenes. Pero mi locura iba aun más lejos… Yo lo convertiría en una centro comercial, con sus tiendas, cafeterías y demás locales de ocio; eso sí, sin tocar absolutamente nada de nada. Creo que la naturaleza y el tiempo habían dado con el punto exacto deseado por el mejor de los urbanistas paisajísticos de todos los tiempos.
Y con cuidado de no romper nada, con sigilo para no alterar el silencio de las palomas, recorrí durante horas el Centro Comercial de mis sueños.
Con esta psicodélica reflexión damos por terminada nuestra tercera y última entrega dedicada a la Azucarera de Aranjuez, uno de los abandonos más impresionantes que hemos visitado.