martes, 6 de noviembre de 2012

Bodega abandonada (Huerta de Valdecarabanos)

No era la primera vez que pasábamos junto a la vieja bodega abandonada y decidimos para una vez más. Esa fría y gris y podría darnos nuevos resultados fotográficos y así fue.
Aun estando a pie de carretera no es un lugar de mucho paso al tratarse de una carretera comarcal entre pueblos de no mucho renombre.
En general encontramos la bodega como siempre algo mas derruida a causa del paso de los años y las inclemencias del tiempo, sin embargo llamo nuestra atención la falta de las tinajas que en otras ocasiones habíamos fotografiado en uno de los patios. La verdad recuerdo haberlas visto en perfecto estado pero no eran tinajas de barro, interesantes por su antigüedad o para uso decorativo, el material del que estaban hechas era de cemento o fibrocemento. No conozco el coste de una tinaja de este tipo pero imagino el colosal trabajo que les habrá costado sacarlas de aquel lugar lleno de escombros y su trasporte; quizás en tiempos de crisis ya todo se recicla.
Los pozos siguen estando a la vista del público y por supuesto a cielo abierto con el peligro que ello conlleva. Caerse en su interior pasaría por graves roturas y contusiones en el mejor de los casos, así como la ayuda de equipos de rescate por las características de sus paredes y profundidad. “Si allí caes, de allí no sales”.
El resto poco mas tiene que contar y aquel día nos pareció ideal para retratar lo aún queda de aquella vieja bodega manchega.
 












 
 
 
 

 

domingo, 4 de noviembre de 2012

Frente a la casa abandonada

Frente a la casa abandonada
Ya pasaron doce años desde aquella noche aterradora. Salí de la estación de
servicio en donde trabajaba y noté que estaba por llover. El aire estaba cargado
de humedad y se oían algunos truenos, comencé a caminar rápido para llegar
a mi casa antes de que lloviera.
Los comercios ya estaban cerrados y las personas se apresuraban por llegar a
su destino.
Las luces de la calle no dejaban ver el cielo, pero se sentía como
la tormenta crecía sobre la ciudad, y los truenos se hacían cada vez mas frecuentes,
como si fueran los pasos de un gigante avanzando por la noche.
Yo era la única persona caminando por la calle cuando crucé frente a la vieja casona.
Muy alta y de aspecto lúgubre, con ventanales opacos y protegida por un muro
enrejado, aquella casa abandonada siempre me había causado algo de inquietud.
El muro de la casa se extendía por toda una cuadra. Abría recorrido la mitad de su
largo cuando sentí que una mano me aferraba el cabello por detrás; me jalaron tan
fuerte que casi caigo de espaldas, mantuve el equilibrio y giré al tiempo que me
ponía en guardia para enfrentar a mi agresor, pero detrás de mi no había nadie.
Por un instante estuve confundido, después crucé la calle y me alejé corriendo.
Como la ciudad es chica las noticias se esparcen rápido, resultó que esa misma
noche dos personas mas fueron agredidas al cruzar frente a la casa, y al igual
que yo no vieron a su agresor.


Texto Jorge Leal