miércoles, 11 de diciembre de 2013

Convento abandonado de las animas


Muros roídos cada día mas por el paso de las inclemencias, azotados por los vientos y heladas que dejan entrar los rayos de sol entre sus cristales rotos y que sus rejas oxidadas prolongas lánguidas sombras.
Todo es silencio paseando por sus largos pasillos, allí no moran palomas, pero no estamos solos... Ellas,  las señoras de la clausura, las que eligieron las contemplación en vez de los placeres mundanos nos vigilan, sin ser vistas observan cada uno de nuestros cautos movimientos, guardando con celo todos y cada uno de los secretos que allí perviven.
Solo alguno creyó ver sus sombras y oír sus pasos. Yo que soy reacio a esas sensaciones, nunca daré crédito a los que vieron mis ojos y escucharon mis oídos.
 
 
 
 



































 
 
 
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