lunes, 9 de diciembre de 2013

Castillo de Zorita de los Canes. (Guadalajara-España)



La historia de esta alcazaba fundada por Muhammad I en el siglo IX corre pareja con la de la villa. La invasión almorávide de fines del siglo XI la dejó casi arruinada y fue reconstruida posteriormente por la Orden de Calatrava a lo largo de los siglos XII y XIII, al que pertenece casi toda la actual fábrica,
La fortaleza medieval posee una estructura de complicado sistema de murallas y puertas, de torreones y ventanales amalgamados a lo largo de los siglos, que culmina el roquedal en el que se asienta a orillas del Tajo.
Su planta es alargada e irregular y está rodeada de una muralla, dotada antaño de almenas, que ya se encuentran hoy en ruinas.
En su interior, se encuentran múltiples detalles que ofrecen la evocación y el testimonio preciso de los tiempos primitivos de la fortaleza, expresivos del arte y la técnica bélica de sus moradores y caballeros calatravos.
Así, destacan la Iglesia del castillo (de bella factura románica), los enterramientos de caballeros calatravos, la Sala del Moro, posiblemente destinada a prisión, o la torre albarrana que vigila la entrada al castillo.

En el año 1085 los cristianos conquistaron este lugar y años después, Alfonso VII, que había repoblado este enclave con mozárabes aragoneses, entregó el lugar a la familia de Los Castros. En el año 1169 Alfonso VIII, recupera Zorita y lo ofrece en arras a doña Leonor de Inglaterra. Poco después en el año 1174, fue entregada a la Orden de Calatrava, que desde finales del XII hasta comienzos del XIII lo transforma en un firmísimo bastión pleno de tropas, caballeros y armamentos. Fue entonces cuando, por tener distribuidos grandes perros alanos por las torres y patios, como mejor defensa del castro, éste recibió el nombre de Zorita de los Canes.

En el año 1565 fue adquirida por el duque de Pastrana y por su mujer la princesa de Éboli, que realizaron cambios en la fortaleza para poder habitarla con mayor comodidad. Posteriormente en el año 1732, los duques del Infantado vendieron este enclave al antecesor de los condes de San Rafael. El título, ya solamente honorífico, de Comendador de Zorita, continuó existiendo hasta el siglo XIX.
 


















 
 
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