lunes, 15 de julio de 2013

Bodegas Paquin (Ciudad Real)



Estas bodegas escondidas en los interminables campos de la Mancha, cerca de Cinco Casas parece ser que han comenzado su rápida decadencia a partir del año 98 del siglo pasado, a tenor de un calendario colgado en sus vetustas paredes.

Escondidas entre pinos y grandes paredes de adobe que circundan la finca no fue fácil descubrir los secretos que esconde, pero para nosotros por donde entra en sol también nosotros entramos, siempre respetando los principios básicos que todos o casi todos deberíamos respetar.

Mucho nos llamo la atención la afición por los combinados que allí hubo, decenas de botellas de todas las marcas yacían dispersas por los suelos de muchas de sus estancias y creemos que el "sol y sombra" (mezcla de brandi y anís) debería ser el preferido por la mayoría.

En una de las casas de la finca descubrimos unas escaleras que se perdían en la oscuridad hacia las entrañas de la tierra y claro un nuevo mundo de posibilidades y pensamientos nos llevo a bajar con extremo cuidado sus resbaladizos escalones tallados en la tierra. ¿Donde conducirían tan empinados escalones?, quizás a una gran bodega subterránea como suele ser normal, pero no... Estábamos adentrándonos en un pozo que nos conduciría después de descender más de 40 metros a donde estaba situada la maquinaria. Las linternas que portábamos no eran otras que las que llevaban incorporadas nuestros mecheros, ósea marca Todo a 100, de esas de diodoleds, para no rompernos las crisma servían pero para enfocar objetos y poder sacar unas instantáneas ya no, tuvimos que conformarnos con disparar las cámaras a bulto y así fue el resultado...fatal. Como no podemos mostrar tan desastrosas instantáneas os contaremos algo de lo que vimos. A mitad del recorrido estaban situadas las maquinas de extracción, grandes tuberías recorrían en ambos sentidos el túnel que por más que intentamos enfocar y enfocar con los mecheros y el flash de las cámaras nunca intuimos el fondo que muy profundo debería ser por el tiempo que unas piedras que tiramos tardaron en producir el sonido del chapoteo al contacto con el agua.

Las escaleras seguían bajando cada vez mas empinadas y en peores condiciones, el calor y la humedad creciente, hacían penoso el recorrido; las telas de araña se nos enredaban en el pelo a modo de tocado, al final llegamos a donde los escalones terminaban dejando paso a unas resbaladizas rampas de arena y allí decidimos dar fin a nuestra curiosidad. El GPS que llevábamos marcaba 86 metros de profundidad. El ascenso fue rápido como perseguidos por el diablo y como buenos fumadores, al volver a ver el sol notamos como los pulmones querían estallar por semejante esfuerzo y tan decadente forma física en la que nos encontramos.

Después, junto al incesante cantar de las cigarras, fuimos olvidando el lugar entre viñas y más viñas.