lunes, 23 de junio de 2014

Casa Blanca



La Casa de Xarrié o Casablanca, tal y como se conoce actualmente, es un inmenso complejo formado por bodega, fragua, casas, escuela, palomar, ermita..., un lugar sorprendente en plena naturaleza.
El acceso a este patio se realiza a través de un pórtico encalado en el que se atisba un azulejo en el que no se reconoce dibujo alguno por la cal. Entrando en el patio articulado alrededor de un pozo y árbol -todo ello en plena decadencia- se desarrollan una serie de naves. Además de la bodega, encontramos una nave dedicada a fragua, cuadras y pajar en una sucesión de actividades que se van solapando en el tiempo. En esta nave llama la atención los arcos de ladrillo que dividen y soportan el forjado de planta primera. Sobre este forjado unas impresionantes cerchas de madera a la española en ruina inminente cobijaban la paja.















 
Continuando con el recorrido bajamos una escaleras que dan acceso a dos naves de tinajas de cemento cubiertas por una bóveda de cañón realizada con ladrillo. La primera nave con una única fila de tinajas conserva íntegramente su encanto: escalera de madera, empotro para circular entre las tinajas y una bóveda de cañón intacta.
La segunda nave, posiblemente construida en una segunda fase, presenta dos filas de tinajas de mayor capacidad y una bóveda de cañón atirantada con graves patologías; hundida en parte y agrietada en el resto. La construcción de estas bóvedas de ladrillo se da en muchas construcciones del siglo XX en La Mancha. Transformadores de luz, casillas, bodegas..., entre otros, son algunos ejemplos de construcciones que adoptan esta bóveda como sistema constructivo de cubierta presentando un aspecto exterior muy singular por el empleo de la cara exterior de esta bóveda como cubierta sin teja.







 
A la espalda del patio donde se sitúa la bodega se encuentran las viviendas y escuela de los trabajadores en la conocida como calle del momo. Unas 15 viviendas (aprox.) repetitivas a la par que muy modestas con un escuela y baños a la entrada de este pequeño barrio.



















 
Otra de las edificaciones más sorprendentes es un palomar de planta rectangular, de dos plantas de altura y con cubierta a cuatro aguas hacia el interior. Lo impresionante del palomar rematado con un almenas de ladrillo en su parte superior contrasta con su estado de ruina casi inminente que impide analizarlo con más reparo.






 

Información: David Cejudo (Ingeniero de Edificación)

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