lunes, 27 de enero de 2014

Minas abandonadas y caserio de Carcaballana


En la cuenca terciaria de Madrid han existido, desde antiguo, salinas en relación con formaciones evaporíticas neógenas. de algunas tenemos documentos medievales, tal es el caso de Villamanrique de Tajo (Carcaballana).
Pese a que esta explotación se manifiesta inactiva, estamos ante la mina número uno de la Comunidad de Madrid, ya que oficialmente Carcaballana sigue en funcionamiento.
Sin embargo, los trabajos de una repoblación forestal fracasada arramblaron con las eras y canales en la zona de alimentación de las mismas.
Las salinas se sitúan 1 Km al sureste de Villamanrique de Tajo. Saliendo de dicho municipio rumbo a Fuentidueña.
Tras cruzar el río Tajo tomamos un camino en buen estado de conservación, que nos permite el acceso a la cortijada de las minas; en primer lugar encontramos el caserío de Castillo de Tajo es del siglo XVI, consta de diversas estancias que rodean a un patio central: almacenes, capilla, vivienda del propietario y otros aposentos, donde han vivido hasta cinco familias.
Parece ser que el conjunto era un convento de religiosos, con capilla dotada de magníficos retablos destruidos en la Guerra Civil española y biblioteca bien dotada más de 5.000
volúmenes. Según el propietario Sr D. Emilio Arauja Prieto  hay documentos manuscritos, entre sus libros y legajos, que acreditan la explotación de las salinas por los frailes en el XVI.
De todas formas serían en todo caso de finales de dicho siglo, ya que éstas no se mencionan en las Relaciones Topográficas de Felipe II.
Según el Sr. Tolosa López  el establecimiento contaría con un gran edificio:  que sirve de oficinas y habitaciones para el administrador, inspector, maestro de fábrica y cuatro dependientes de resguardo, un almacén que cogerá sobre 50.000 fanegas de sal; otro para el compacto que cabe de 12.000 a 15.000 quintales y algunas otras obras.
En 1864, Casiano de Prado señala que en las salinas de Villamanrique y Espartinas, además de sal común, se obtiene mucho sulfato de sosa.
Parece ser que en 1871 estaban inactivas, a la espera de su privatización. La familia Don. Emilio Arauja, tras la desamortación,  compró al Estado las salinas, junto a la finca del Castillo (tal y como consta en un testamento familiar). La dehesa del Castillo debió ser muy grande, ya que según las Relaciones Topográficas de Felipe II, fue vendida por la Orden de Santiago a Dña. Catalina Laso de Castilla y sobre ella se hizo villa. El nombre de la finca proviene de una antigua fortaleza, que ya estaba en ruinas a finales del siglo XVI.
Suponemos que dicha propiedad pasaría de los herederos de Doña Catalina a la congregación religiosa y de éstos, tras la desamortización (la de Mendizábal fue de 1835 a 1837), al Estado y luego suponemos se subastaría desde el Estado siendo adquirida por los Araujo.
En los años sesenta hubo una cierta bonanza, el sulfato era comprado por empresas corno KODAK, para productos fotográficos, o FOREST, para obtener agua oxigenada, aunque también se vendía a diversas compañías para el fijado de los tintes, entre otros. En 1868 pasó la empresa a la UNION SALINERA, que explotaba las cercanas minas de Villarrubia de Santiago, en la provincia de Toledo, trabajando de forma intermitente hasta finales de los años 70.
En el gran muro de mampostería que cierra el barranco, una pequeña boca nos deposita en la galería principal de esta mina. Esta galería rectilínea a los 20 metros nos presenta por la izquierda y semioculto en una diminuta sala un pozo de 10 metros muy estrecho que da acceso al exterior. Desde el pozo podemos continuar  por la galería principal otros 80 metros hasta que esta presenta de frente un derrumbe completo de la galería teniendo como posibilidad de continuación otra galería que se nos abre a la derecha y que tras una decena de metros acaba en la surgencia impenetrable. En su interior se aprecia la deposición de cristales azulados, de contorno poco definido, de thenardita. En la boca de la galería aparece un gran depósito de sulfato sódico, de 2 m. de espesor, como si fuera un nevero en medio de este árido territorio, que há precipitado de forma natural; allí se almacenan más de 2.000 tn de mineral.
En Verano las aguas del manantial eran conducidas por canales de madera, por más de 1 km., suspendidos por las paredes del arroyo de Valle Madrid, hasta las balsas. Hoy en día solo encontramos restos de la citada infraestructura.
En los años de la autarquía salían diez carros diarios hacia Santa Cruz de la Zarza, situada a 12 km., donde se embarcaban en el ferrocarril Madrid-Cuenca, distribuyéndose por toda España.

Fuente: Octavio Puche, L.E Mazadiego y Jabier Suarez.







































 
 


domingo, 26 de enero de 2014

Glamour sobre la Mikado realoated


Sesión fotográfica realizada sobre una vieja locomotora Mikado en la zona abandonada de la estación de Alcázar de San Juan (Toledo).











 
Modelo: Julia