lunes, 4 de mayo de 2015

Iglesia abandonada de San Nicolas de Bari



Todo comenzó como en muchas ocasiones, navegando en Google, viendo fotos y más fotos e infinitos lugares; después pasamos a ver esas fotos a vista de pájaro para hacernos una idea de donde podíamos ir y elegimos este lugar como podía haber sido cualquier otro.

En nuestras pesquisas no faltaron fotos del exterior del lugar pero su interior podríamos definirlo como parco, escaso, no obstante cautivo nuestro interés y pusimos rumbo a tierras castellanas en busca de lo desconocido.

El lugar es fácil de localizar, bien conocido por las gentes del lugar, incluso incluido en la Lista Roja de Patrimonio, web muy recurrente para “Exportadores Urbex”, al menos para los que nos gusta ver piedras con historia.

Aparcamos el bólido en la misma puerta del monumento, vemos que en su entrada principal han puesto un curioso mural simulando su entrada y eso ya nos da que pensar… habrá el Ayuntamiento gastado dinero público en su conservación y/o restauración? . Si es así, mal vamos, no podremos entrar.

En la fachada principal encontramos una gran reja que deja ver algo de su interior y poco más. Trepar por ella junto a la plaza principal del pueblo no es una opción, menos aun teniendo en cuenta su altura y esos llamativos pinchos que la coronan. Solución B, como en tantas ocasiones, rodear su perímetro en busca de algún punto débil y este lo encontramos en su parte trasera junto al rio.

Menos de 200 metros nos separaban de una vetusta valla de piedra desmoronada por el paso del tiempo pero había que trepar y eso a simple vista no parecía difícil, otra cosa fue ponerse a ello.

Aunque tampoco somos de los exploradores adictos a vestimentas tipo Corones Tapioca, en esta ocasión no habría venido nada mal. Espinos, zarzas, cristales rotos y todo tipo de maleza impedían el ascenso…seguimos trepando a duras penas, aquello era el sufrimiento de los mártires, las ortigas daban un punto inesperado a la ascensión, estábamos a punto de ver las estrellas. Sin embargo el supuesto éxito estaba tan cerca que nadie se atrevía a dar un paso marcha atrás, además subir es una cosa y bajar rodando sin control hasta el rio es otra muy diferente, total cállate, déjate de quejar y sigue subiendo.

Ya está, algo menos de dos metros de tapia quebradiza y el lugar es nuestro.

“Qué bonito, por Dios”. Había merecido la pena. Yo me senté y encendí un cigarrito, el corazón me explotaba, no es lo recomendable pero algo me lo pedía, ¿sería el vicio?

Ahora paseremos al interior y espero que os guste el recorrido…