viernes, 26 de febrero de 2016

Monasterio de Bonaval, ultimos suspiros


Las ruinas del monasterio cisterciense de Bonaval son muy expresivas de la arquitectura de esta orden monacal en la Edad Media, y a pesar de su lamentable estado de ruina y abandono, merece la pena realizar, incluso a pie, desde Retiendas, el viaje que permite contemplarlas en todo su sabor.
 De la antigua abadía solamente quedan los restos de su iglesia, y algunos paredones inexpresivos de lo que fueran las dependencias monacales (celdas, refectorio, salones, etc.) aunque sin poder especificar el uso de ellos, pues nada más que muros y desmochados vanos quedan.
 El templo de Bonaval, sin embargo, es un ejemplar arquitectónico de gran interés que pasamos a describir y valorar, pues a la curiosidad de la disposición de su planta, de su inacabada estructura, y de la valiente y hermosa pureza de sus formas en bóvedas y muros, añade la abundancia de elementos decorativos, puramente cistercienses, que conviene resaltar.
 Se trata de un templo de reducidas dimensiones, de planta rectangular, con tres naves, y dos tramos solamente en cada una de ellas. Primitivamente debió tener tres tramos, pero un derrumbamiento y el aprovechamiento del espacio del tramo de los pies para construir en él parte del convento, la dejó reducida a lo que hoy se ve.
 La cabecera es triple, como corresponde a un monasterio masculino, al objeto de que pudieran decirse al menos tres misas al mismo tiempo, una en cada uno de los altares de dicha cabecera. Hoy solo se conserva en pie dicha cabecera, con sus tres ábsides cubiertos, la nave meridional, y los muros del resto del templo. Adosada al ábside del Evangelio aparece una pequeña estancia de bóveda de cañón apuntada, que corresponde a la antigua sacristía.
 Todo él construido con piedra caliza de color blanquecino, ofrece pureza en las líneas y riqueza en la ornamentación de los capiteles. La portada meridional, y principal, es de arco apuntado, muy abocinada, teniendo su hueco por escolta cuatro columnas a cada lado, coronadas de capiteles de decoración vegetal (algunos ya faltan), de los que parten las arquivoltas molduradas, cobijadas todas ellas por una cinta externa de puntas de diamante.
 Sobre el cuerpo de la puerta se alza, grandioso, un ventanal que en funciones de rosetón iluminaba el primer tramo de templo, con valor de crucero. Este ventanal es ajimezado, y al exterior se decora por chambrana formada por arcos pequeños, y apuntados, en hueco, lo que le confiere un enorme interés dentro del conjunto de la decoración arquitectónica de filiación cisterciense.
 La planta del ábside mayor es cuadrada en su presbiterio, y poligonal de tres lados en su remate. Los ábsides laterales son de planta rectangular. Se comunican entre sí los tres espacios por puerta abiertas en el espesor de los muros. La bóveda del ábside central es sexpartita, y los mismo que los ábsides laterales se forman por ojivas de medio punto. También las naves se cubrían de bóvedas nervadas, con los nervios muy marcados. Solamente el lado meridional del crucero se cubre de bóveda de cañón apuntada.
 Todas las bóvedas y sus correspondientes nervaturas apoyan en pilares adosados a los muros y soportes entre las naves. Lo hacen a través de una cornisa que a su vez es soportada por grupos de capiteles, en los que sorprenden la limpieza de la talla, siempre con decoración vegetal minuciosa y elegante, propia de la primera mitad del siglo XIII, lo que nos permite fechar la construcción.
 El ábside central y el del lado del Evangelio se iluminan a través de esbeltos ventanales apuntados, estrechos, con gran derrame interior, formados al exterior por columnillas, pequeños capiteles, arquivoltas muy finas y chambranas externas de puntas de diamante.
 Es de anotar también la existencia de una torre adosada al muro meridional del templo, y que ofrece una escalera de caracol en su interior que permite hoy subir hasta los bordes de los muros y las bóvedas que quedan. Es esta una excursión, en cualquier modo, peligrosa. Pero la admiración de Bonaval y las ruinas de su antiguo monasterio bien merecen el viaje y la visita detenida.


Fuente: Ediciones aache




































2 comentarios:

  1. Qué pena de edificios, recuerdo haber pasado allí más de una noche grabadora en mano y ya estaba de pena. Aunque no puedo entrar lo que me gustaría, sigo disfrutando a cada ratito de tus entradas, un saludo, compi

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    1. Pues si que es una pena que dejen caer estas obras de arte mientras los Ayuntamientos de gastan el dinero en hacer pistas de frontón que nadie usa pero estamos en España y eso es lo que nos diferencia.
      Gracias por tu visita.

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